24/3/12

IV Congreso Internacional de Arqueología Cristiana.




El 12 de octubre de 1938 se emitía una serie compuesta por 6 valores, para conmemorar el Congreso de Arqueología Cristiana. Diseñador Corrado Mezzana. Método de impresión huecograbado. Validez postal hasta 31 de diciembre de 1940. Impreso en el en el Instituto Poligráfico del Estado (Roma).

Para la custodia, conservación y estudio de las catacumbas italianas, se creo la Comisión Pontificia de Arqueología Sagrada. En el estudio y descubrimiento de las catacumbas italianas destacan Antonio Bosio (1575-1629) conocido como el Colon de la Roma Subterránea, por el gran número de catacumbas que descubrió, y sobre todo Juan Bautista de Rossi (1822-1894) uno de los pioneros de la arqueología cristiana. Aunque de Rossi se graduó en jurisprudencia gran parte de su vida, la dedico al estudio científico de la las catacumbas, destacando por el hallazgo de las Catacumbas de San Calixto, una de las más importantes de Roma.
Rossi preocupado por la supervisión y control de las excavaciones de San Calixto, decidió hablar con León XIII, en aquella época Secretario de Estado, y establecieron que una Orden Religiosa supervisaría los trabajos


El 6 de enero de 1852 el Papa Pío IX instituyo la “Comisión de Arqueología Sagrada”. Los trabajos eran supervisados por Marchi y de Rossi era el director de las excavaciones. En el año 1854 descubrieron la Cripta de los Papas y el sepulcro de Santa Cecilia, en 1864 el Hipogeo de los Flavios en Domitila, en 1890 la Basílica de San Silvestre en Priscila. De Rossi con el apoyo de Pío IX publico los resultados de sus investigaciones en “Roma Sotterranea” obra formada por tres volúmenes (1864, 1867,1877).




Los sellos de 5,10 y 25 céntimos de lira reproducen la Cripta de Santa Cecilia en las catacumbas de San Calixto. Las Catacumbas de San Calixto fueron descubiertas por Rossi y son una de las más importantes de Roma.

El complejo de San Calixto esta formado por 30 hectáreas, de las cuales aproximadamente, 15 corresponden a las catacumbas, que en algunos tramos pueden superponerse hasta en cuatro pisos. Tuvieron su origen en el siglo II, a partir del área funeraria de los Cecilios, en el siglo III dependían de la Iglesia de Roma. El Pontífice Ceferino (199-217) confió la custodia al diacono Calixto, que cuando fue nombrado Papa, agrando el recinto funerario y se convirtió en el cementerio oficial de Roma.


Los núcleos más antiguos de estas catacumbas son la Cripta de Lucina, la de los Papas y la de Santa Cecilia. En la cripta de Santa Cecilia, que es la que reproducen los sellos, se encuentra un nicho donde se encontraba enterrada la santa, hasta que en el año 821 por orden del Papa San Pascual, se traslado a la Basílica de Santa Cecilia en el Trastevere.


Los sellos de 75, 80 y 1.25 están dedicados a la Basílica de Santo Nereo y Aquiles en las Catacumbas de Domitila. La iglesia fue construida sobre la tumba de los Santos Nereo y Aquileo. Esta formada por 3 naves y descubierta por Rossi.

Los sellos reproducen uno de los pilares que sostiene un baldaquino que ha desaparecido. En el pilar esta grabado el nombre de Aquileo y debajo de él se representa la ejecución de Aquileo: un personaje con las manos atadas a la espalda es decapitado por el verdugo.


Las Catacumbas de Domitila es una de las más antiguas de Roma y de las más extensas. Se formo a partir de algunos hipogeos familiares excavados en la propiedad de Flavio Domitila. Es posible que Domitila fuera sobrina de Flavio Clemente, Cónsul de Roma (95d.c) emparentado con la familia imperial. Al declararse cristiana fue desterrada de Roma y mandada ejecutar por Domiciano.

Aunque las catacumbas más famosas están localizadas en Roma, donde se han encontrado más de 60, y cientos de kilómetros de galerías subterráneas, también se encuentran en otros lugares, como en el Norte de África.

Las catacumbas eran cementerios colectivos cristianos, integrados por un laberinto de galerías subterráneas; empleando para la excavación de estas galerías métodos ya conocidos desde la antigüedad, pero lo usaron a gran escala, excavando una amplísima red de galerías de varios kilómetros de longitud en niveles superpuestos.


Tradicionalmente se ha considerado que las catacumbas servían de refugio a los cristianos y donde se realizaban reuniones clandestinas, sin embargo estas no fueron creadas a consecuencia de las persecuciones, sino para solucionar los problemas de enterramiento a las que se enfrentaban las comunidades paleocristianas.
Se conoce con la denominación de paleocristiano a las primeras comunidades cristianas hasta el final del Imperio Romano de Occidente. Aunque es una etapa compleja para desarrollar en unas pocas líneas, conviene señalar que básicamente se puede establecer dos periodos:

El Primer periodo comprendería desde el siglo I hasta el Edicto de Milán (313). Seria la etapa de las persecuciones. Aunque es un fenómeno bastante complejo, para sintetizar, se puede señalar que los primeros cristianos se reunían para celebrar sus obligaciones litúrgicas en las Domus Ecclesiae, que eran viviendas romanas adaptadas para la celebración litúrgica.

El segundo periodo comenzaría con el Edicto de Milán (313), en el que Constantino otorgaba a los cristianos el pleno derecho de manifestar públicamente sus creencias. Lo que conlleva la modificación de ciertas prácticas litúrgicas y la aparición de nuevos edificios religiosos.

Para los cristianos la muerte no significaba el fin, sino el transito a la nueva vida, que incluya el cuerpo del difunto, por eso los primeros cristianos eran reacios a practicar la costumbre de la incineración. De esta manera, mientras los pertenecientes a religiones no cristianas denominaban a sus lugares de enterramientos como “Necrópolis” (Ciudad de los Muertos), los cristianos nominaban a los cementerios como “Coemeterium” (dormitorios) al considerar que el difunto descansaba esperando el momento de la resurrección.

La responsabilidad de la caridad cristiana, también se extendía hacia los difuntos, por lo que la comunidad cristiana, tenia que garantizar a todos sus miembros un enterramiento y una tumba digna, y los parientes solían visitar con frecuencia las tumbas de sus seres queridos.

En los primeros tiempos las Comunidades Cristianas no tenían medios económicos suficientes para disponer de sus propios cementerios colectivos, por lo que a los difuntos se les enterraban en necrópolis, y los que pertenecían a familias nobles en cementerios familiares. En el siglo II las familias nobles cristianas decidieron donar sus cementerios privados, por eso en las catacumbas es frecuente la existencia de los denominados “núcleos paganos”. Por cuestiones de espacio fueron excavando galerías subterráneas. Los primeros cristianos no empleaban el término de catacumba,
palabra de origen griego que significa cavidad, para referirse a estos cementerios. Los romanos denominaban de esta manera a una localidad de la Vía Appia, en las que se localizaban canteras de toba, en cuyas cercanías se excavaron las tumbas de San Sebastián. En el siglo IX se difundió el significado actual.